La tormenta del 7 de mayo desnudó la fragilidad de Nuevo León y el peligro de las obras de Línea 4 del Metro mal planeadas. El caos por drenaje dañado convirtió las calles en ríos, dejando a miles de ciudadanos atrapados en medio de inundaciones por tormenta que pudieron evitarse.
Riesgos latentes bajo el concreto de la Línea 4
Las lluvias de ayer confirmaron que existen riesgos latentes debido a la invasión del colector pluvial en la zona de Constitución. La construcción del monorriel no solo avanza lento, sino que ha destruido la capacidad de la ciudad para defenderse del agua acumulada en las avenidas.
Al perforar el ducto principal, el estado generó un tapón que impide el flujo libre hacia el río, lo que causa problemas viales inmediatos. Esta situación no es un accidente de la naturaleza, sino el resultado de una planeación que prefirió ignorar los planos hidráulicos de la ciudad.
El agua que ayer inundó negocios y casas es la prueba de que el metro estatal ha mutilado la infraestructura que nos protegía. La falta de un proyecto ejecutivo serio ha dejado a los automovilistas vulnerables ante cualquier lluvia moderada que paraliza por completo la vialidad.
🗣️ La palabra del gobierno estatal no vale nada. Prometieron reparar el drenaje que ellos mismos perforaron con las obras de la L4 del Metro, pero las lluvias ya llegaron y la NL se inunda.🌊 ¿Así nos gobiernan? 😡
¡Basta de mentirle a la ciudadanía!
Conoce la situación aquí.👇 pic.twitter.com/ERSErhChAe— La Sultana Informa (@sultana_informa) May 8, 2026
Solución improvisada del Gobierno ante la emergencia hídrica
Ante el desastre de ayer, el Estado solo ha ofrecido una solución improvisada que no resuelve el fondo del daño en el pluvial. Prometieron reparaciones que nunca llegaron, y ahora pretenden tapar los baches y hundimientos con medidas temporales que no aguantarán otra tormenta.
Esta negligencia del estado se nota en la falta de personal calificado trabajando en la liberación de los siete pilotes que estorban el paso del agua. En lugar de limpiar a fondo el sistema, solo han dado largas mientras la temporada de huracanes está cada vez más cerca.
Los ciudadanos ya no creen en las promesas de un gobierno que gasta más en videos que en ingeniería real para el drenaje. El colapso del 7 de mayo es el recordatorio de que las ocurrencias en la construcción cuestan muy caro en términos de tiempo, dinero y bienestar.
Monterrey paralizado ante el caos por drenaje dañado
El cierre de avenidas principales durante la tarde de ayer provocó un caos por drenaje dañado que afectó a miles de trabajadores. Al no tener salida el agua por el colector de Constitución, las calles se inundaron en minutos, dejando vehículos varados y familias incomunicadas.
La seguridad de los neoloneses está comprometida por una obra que parece no tener fin ni control técnico adecuado por parte del Estado. No se trata solo de baches, sino de una red pluvial que ha sido bloqueada por toneladas de concreto inyectado de forma irresponsable.

Si el drenaje no se libera antes de la próxima lluvia fuerte, el colapso de la movilidad será total y permanente en el área metropolitana. La capital de Nuevo León no puede funcionar con un sistema de desagüe que opera a medias por culpa de una obra de transporte mal ejecutada.
Negligencia del estado pone en peligro la seguridad de los neoloneses
La negligencia del estado quedó marcada en los rostros de quienes ayer perdieron su patrimonio bajo el agua estancada. Es inaceptable que se sigan ignorando las advertencias de los especialistas que desde hace meses señalaron el daño provocado por los pilotes de la Línea 4.
Las inundaciones por tormenta de ayer no fueron normales; fueron causadas por un sistema pluvial que ya no tiene espacio para trabajar. La seguridad de los neoloneses debe estar por encima de los caprichos de inauguración de cualquier funcionario que no vive la realidad de las calles.
El Gobierno estatal debe rendir cuentas sobre por qué permitió que las obras de Línea 4 del Metro invadieran una infraestructura tan vital. Cada minuto que pasa sin una reparación real es un minuto de riesgo innecesario para todos los que transitamos por la ciudad.

Futuro incierto para la movilidad en Nuevo León
Los problemas viales derivados de este desastre pluvial apenas comienzan, ya que el daño estructural en el subsuelo es profundo y difícil de corregir. No basta con parches; se requiere una reconstrucción total del tramo del colector que fue atravesado por el concreto del monorriel.
Los sectores del Congreso han exigido auditorías, pero la respuesta oficial sigue siendo el silencio o las excusas de siempre. La realidad es que las obras del metro han dejado una herida abierta en la ciudad que se infecta con cada nueva gota de lluvia que cae.
Esperamos que la lección del 7 de mayo sirva para que el estado deje de jugar con la ingeniería y empiece a trabajar en serio. Monterrey merece una infraestructura que funcione tanto arriba como abajo del suelo, sin poner en riesgo la integridad de quienes habitamos este estado.
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